¿Filósofos vs emprendedores?

“Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Frase trascendental de la filosofía que a más de un siglo de haberse enunciado sigue gozando de una gran validez.

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Aún ahora seguimos buscando los medios para transformar un mundo, que como entonces, no nos complace en los modos en que actualmente se nos presenta. Cierto es que hemos dejado buscar esos medios de transformación en la filosofía y en otras disciplinas del pensamiento puro. Ahora contamos con aliados como la ciencia y la tecnología, que si bien han contribuido enormemente a la explicación racional del mundo, no han terminado de guiarnos respecto a los modos en los que podríamos hacer de este mundo un lugar mejor para todos. Y quizá nunca lo hagan.

A medida que la ciencia avanza cada vez más enigmas se revelan, surgen nuevas interrogantes que, queramos o no, remiten a cuestiones profundamente filosóficas y existenciales. Siendo las cosas así, ¿En manos de quien, entonces, podemos dejar la tarea de transformar al mundo? ¿Qué aptitudes o actitudes hacen falta para lograrlo?

La parte faltante podría ser el espíritu emprendedor: caracterizado por una constante inconformidad respecto a las formas en que se hacen las cosas actualmente. En todos los aspectos de la vida humana, el emprendimiento ha venido a proponer formas innovadoras de producir y ofrecer los servicios.

No es coincidencia: el filósofo y el emprendedor comparten algunos rasgos esenciales. Ambos están inconformes con el estado actual de las cosas, ambos preguntan porque deben ser así, ambos buscan nuevas respuestas a viejas preguntas, pero sobretodo, ambos se niegan a dejar de preguntar.

Paradójicamente ni la filosofía ni el emprendimiento forman parte central de los modelos educativos contemporáneos. Se perciben aún como asignaturas satelitales, girando en torno a las matemáticas, el español y las ciencias. ¿Será acaso por su potencial transformador? o ¿Tendrá que ver en como la posesión de esos saberes piden contribuir a un cambio radical en la distribución del poder? No lo sabemos a ciencia cierta.

 

Sin embargo, creemos fuertemente en que algunos factores imprescindibles para la transformación del mundo sería, por una parte, enseñar a nuestras nuevas generaciones a pensar de manera rigurosa mediante el ejercicio constante del pensamiento crítico y, por otra, fomentar un espíritu tal que aliente a esas misma generaciones a materializar sus ideas con la finalidad de resolver los problemas que nos aquejan como sociedad humana, traspasando así el mero ejercicio contemplativo del pensamiento desligado de la acción. Dos aptitudes básicas se perfilan desde esta óptica.

Resumiendo: La capacidad para el pensamiento crítico y la consecuente disposición para engendrar consecuencias materiales basadas en la crítica, es decir, la capacidad para emprender acciones concretas para mejorar un aspecto de la realidad. En pocas palabras. Filosofía y emprendimiento.

Por César Reyes

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